Plana Mayor.- Por Gaudencio García Rivera @12hrsver: Cazarín: La  abominación

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No tienen escrúpulos los líderes de la bancada de Morena de la LXV Legislatura local con los correligionarios que le han hecho sombra al gris y mediocre titular del Poder Ejecutivo. Las emboscadas tienen rastro  y autoría.

En 25 meses, la fracción mayoritaria del cuerpo legislativo, bajo la mano del anodino líder Juan Javier Gómez  Cazarín, ha llevado al Poder Legislativo a una de las peores crisis de credibilidad, escepticismo, sumisión y corrupción.

El saqueo de los dineros públicos de la LXV Legislatura local, en diferentes rubros, no tiene límites de la élite incondicional que encabeza Cazarín, que en  algunos casos irán a parar a campañas electorales de sus candidatos privilegiados y, en otros, a su abultado peculio personal.

Los bucaneros o filibusteros de Morena desde que arribaron al poder público no se han caracterizado por su mediana honradez juarista, implacable rectitud, humildad y deontología. Son la antítesis de buenos deseos quiméricos del lema obradorista de “no mentir, no robar y no traicionar (sic)”.

En 2018, extasiados por el abrumador triunfo del mesías tropical y de Cuitláhuac García que se colgó de las valencianas del catequista tabasqueño, los morenistas se enfrentaron literalmente como ‘perros’ y ‘gatos’ por la generosa Coordinación de la Junta Política de la LXV Legislatura del Estado.

La disciplina partidista arraigada que solía permear en las bancadas mayoritarias del PAN y PRI hasta 2018, se rompió por el hilo más delgado. Se abrieron dos frentes, dos bandos, el grupo de Amado Jesús Cruz Malpica, de Coatzacoalcos (XXIX), y el del actual líder Juan Javier Gómez Cazarín, de San Andrés Tuxtla (XXIV). ¡Al viejo estilo de los bárbaros!

El espectáculo político, donde salió a relucir la inoculación venenosa del fango político de los dos protagonistas que reclamaban para sí el manejo de la Junta de Coordinación Política quedó en manos perversas de Cazarín, ante la estridencia en los sótanos del poder del novel Cuitláhuac García que imploraba la concordia.

Al gobernador le ‘vino como anillo al dedo’ que su alfil Juan Javier quedara al frente del liderazgo cameral para someter al Poder Legislativo -como lo han hecho sus antecesores- para que le apruebe a modo y sin chistar todas las iniciativas que envía con proyecto de ley.

En los 3 años del período legislativo, Cazarín ha sido un retrato de un aprendiz de político mediocre, gris y pueril, poco instruido del estado de derecho y de la cultura, con 16  reveses en 2020 y parte de 2021 de la Suprema Corte de Justicia de la Nación con sus brillantes decretos que fueron concebidos por sus genios del derecho, uno de ellos bajo la tutoría del principal letrado del despacho de la UV.

Su abominación no tiene límites. Depreciable entre sus correligionarios de Morena, ruin y siempre con el sello de la sevicia, el líder cameral ideó un ardid para descarrilar del camino de 2024 al senador morenista Ricardo Ahued Bardahuil, con viejos y arcaicos clichés desfasados de la época de Luis Echeverría Álvarez (1970/76).

No fue una mera casualidad –aunque si una causalidad de corte preelectoral- que el exejecutivo de ventas de la Volkswagen de Coatzacoalcos –su antiguo oficio- y diputado por el XXIV distrito de San Andrés Tuxtla armara una treta junto con un puñado de incondicionales legisladores para “destapar” al senador morenista Ricardo Ahued como precandidato a la alcaldía de Xalapa.

El cliché del “destape” -ocurrido el 18 de enero en la capital del Estado- develó la dedicatoria del solitario de Palacio de Gobierno, pues es fama pública la abierta malquerencia que le tiene Cuitláhuac a Ricardo, su futuro sucesor en el 2024. Es una sombra que le hace peso y contrapeso a su oprobiosa gestión.

El montaje, por cierto de Cazarín, fue un capítulo de corte histriónico y burdo porque ese tipo de eventos por lo regular los encabeza la dirigencia partidista o sus sectores afines, no un líder cameral. La hilaridad, burla y sorna de los opositores y críticos invadió los pasillos palaciegos.

Juan Javier debe pensar que el maniqueo con Ricardo Ahued es como manejar al catequista de Palacio Nacional por el asunto de la Fiscalía General, o el desgobierno y “caja chica” del municipio de Actopan, donde pretende repetir la historia deleznable en los próximos comicios.

Por fortuna, Ahued Bardahuil, no cayó en la casualidad del  “destape” de la  élite cortesana del exejecutivo de ventas que hubiese incurrido en una causalidad electoral. Este evento  dejó al descubierto el resentimiento y revanchismo de un antiguo socio político que inocula veneno por supuestos pactos rotos, que ahora tiene la fuerza de un Tehuacán destapado. ¡Cartucho quemado, pues!

 

Comentarios a gau41@hotmail.com

 

 

 

 

 

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