Más claro… Por Felipe Mendiola Parra: El lamentable caso de la salvadoreña Victoria Salazar

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Felipe Mendiola Parra

El caso de la salvadoreña, Victoria Salazar, encendió la indignación nacional y también en otros países, por la brutal agresión que recibió de elementos de la policía municipal de Tulum que, probablemente, le provocó la muerte.

Su situación migratoria estaba considerada como regular, porque se le autorizó su estancia en territorio nacional como residente permanente por razones humanitarias, al haber obtenido el reconocimiento de la condición de refugiada.

El Instituto Nacional de Migración lamentó el homicidio y estará en contacto con las autoridades correspondientes para, en caso de ser requerido, apoyar en todos los procedimientos en su área de competencia.

Tulum es en la actualidad un gran atractivo turístico de la Riviera Maya y junto a ella se encuentra la moderna población del mismo nombre, Tulum. La ciudad maya se encuentra dentro del denominado Parque Nacional Tulum.

Este caso no es el único del que tenemos conocimiento, es fácil ver que muchas veces los oficiales que no han sido capacitados debidamente, se transforman cuando portan una pistola, una macana y un uniforme. Se vuelven poderosos en su interior y se sienten superiores al resto de los mortales.

La frase “Vamos a darle una calentadita” es muy conocida y se aplica para aquellos que se niegan a confesar sus crímenes, pero muchas veces esa golpiza, castigos con agua mineral por la nariz que les proporcionan, incluso los llegan a matar y también es cierto que muchos de esos casos quedan impunes.

Los policías debieran entender de una vez por todas que, su compromiso social es para defender a las familias en sus bienes y sus vidas; y no para causar agresión a quienes trabajan honradamente y en ningún momento esperan ser objeto de esas agresiones.

Algunos han comparado este caso, con el que sucedió el año pasado en Estados Unidos, donde George Floyd, un afroamericano, falleció tras ser detenido y sometido por un policía en Minneapolis.

Este ejemplo es de los que no se deben repetir nunca por parte de esos elementos que debieran gozar de toda la confianza de la ciudadanía y no precisamente verlos con temor. Más claro ni el agua.

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